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Alina Bárbara López Hernández, la primera que nos enseñó a pensar la filosofía como acción en Cuba

27 September 2026
This content originally appeared on Listín Diario.
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A finales del año 2025 me dieron la oportunidad de elegir, para un programa especial de fin de año de la Red de Radios Jesuitas en América Latina y el Caribe, quién había sido un referente de la sociedad civil en Cuba durante esos doce meses. Sin dudarlo, hice un pequeño perfil radial de Alina Bárbara López Hernández, doctora en Filosofía y miembro correspondiente de la Academia de Historia de Cuba. Una mujer coherente que cada día 18 deja un rato su labor intelectual y sale a las calles en protesta pacífica para visibilizar temas tan delicados como la libertad de los presos por cuestiones políticas. Además, escribe textos que son una joya por su profundidad y sentido de la realidad.

Debo decir que mi primer acercamiento con Alina fue cuando ella era la editora del medio independiente La Joven Cuba. Por aquellos años pude publicar, luego de su revisión, algunos artículos en ese espacio. Ella siempre ha sido alguien que puede dialogar con múltiples enfoques de pensamiento. Hablamos de una intelectual orgánica que a golpe de coherencia se ha ganado el respeto incluso de los que la adversan.

Alguna vez le leí que su paso al activismo político maduró cuando fueron a presionarla unos agentes de la Seguridad del Estado en su natal Matanzas. Desde ese momento comprendió que la filosofía y su análisis riguroso de la realidad la empujaban a salir del texto para transformar el contexto donde habitaba. Algo que distingue a la profesora es su sensibilidad: por muy violento que sea el trato que recibe, su respuesta siempre ha sido un llamado al diálogo y la paz. Cree firmemente que los cambios de Cuba deben emanar de la sociedad civil independiente organizada, y denuncia con fuerza el régimen autoritario que gobierna la Isla y el bloqueo impuesto por Estados Unidos, que termina hiriendo a las personas más humildes.

Tuve la dicha de conocerla de manera presencial unos meses antes de la pandemia y de mi salida definitiva del país rumbo a República Dominicana. Me pone feliz poder ponerle rostro a las personas que admiro. Ella es una cubana valiente que sufre cada mes detenciones injustas por salir a protestar a un parque para que cambie la situación de apocalipsis que atraviesan los cubanos. Si los lectores dominicanos desean conocer con veracidad lo que sucede en la mayor de las Antillas, les recomiendo seguirla en redes sociales como Facebook. No se arrepentirán.