Imagina a una mujer de 45 años con sobrepeso desde que tiene uso de razón. Ha probado prácticamente todas las dietas posibles. Conoce las calorías de cada alimento, ha conseguido perder peso en varias ocasiones... pero siempre ha terminado recuperándolo. El conocido "efecto yo-yo", tan frustrante como frecuente.
Hace unos días, mientras escuchaba un podcast, alguien comentó con cierto humor: "Ahora todo el mundo se está pinchando para adelgazar".
La frase, aunque coloquial, refleja una realidad. Los agonistas del GLP-1, medicamentos como la semaglutida o la tirzepatida, han revolucionado el tratamiento de la obesidad y de la diabetes tipo 2. Su eficacia para ayudar a perder peso ha hecho que ocupen titulares, redes sociales y conversaciones cotidianas.
Sin embargo, detrás de este fenómeno mediático se esconde una historia aún más interesante.
La comunidad científica ha observado que algunos pacientes tratados con estos medicamentos no solo comen menos, sino que también refieren una disminución del deseo de consumir alcohol e incluso otras sustancias. Un hallazgo inesperado que ha despertado un enorme interés en el campo de la medicina de las adicciones.
Un ensayo clínico aleatorizado, publicado en JAMA Psychiatry en 2025, evaluó el uso de semaglutida en personas con trastorno por consumo de alcohol. Los resultados mostraron una reducción significativa tanto en la cantidad de alcohol ingerida como en el “craving”, ese deseo intenso y difícil de controlar que caracteriza a las adicciones.
Aunque se trata de un estudio con resultados muy prometedores, es importante ser prudentes. Estos medicamentos todavía no están aprobados para el tratamiento de los trastornos por consumo de alcohol u otras sustancias, y serán necesarios nuevos estudios que confirmen su eficacia y seguridad antes de incorporarlos a la práctica clínica habitual.
Sabemos que los agonistas del GLP-1 actúan sobre regiones del cerebro implicadas en el sistema de recompensa, el mismo circuito neuronal que participa en el placer asociado a la comida, el alcohol y otras sustancias. Al modular estos mecanismos, podrían disminuir la intensidad del impulso o la necesidad compulsiva de consumir.
Si esta hipótesis se confirma, estaríamos ante un cambio de paradigma en el tratamiento de las adicciones.
Nada más lejos de la realidad, la historia de la medicina está llena de descubrimientos inesperados. En muchas ocasiones, un medicamento desarrollado para una enfermedad termina demostrando beneficios en otra completamente distinta.
Quizá estemos viviendo uno de esos momentos.
Como médica dedicada a la prevención y al tratamiento de las adicciones, considero apasionante seguir de cerca estos avances. La investigación nos obliga a mantener una actitud crítica, pero también abierta a nuevas posibilidades que, en el futuro, podrían mejorar la vida de muchas personas.
Porque la ciencia avanza cuando nos atrevemos a hacer nuevas preguntas.
Y hoy, una de esas preguntas es, como el título de este artículo.
Aún no tenemos todas las respuestas. Pero la investigación ya ha comenzado, así que paciencia, en medicina no seguimos las modas, seguimos la evidencia.
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