Columnas

Patricia Arache

 Patricia Arache

República Dominicana está enfrascada ya en un abierto proceso electoral. Otras naciones del área también. Este año 2024, llegó cargado de temas socio políticos que no pasan desapercibidos para nadie, porque, mayoritariamente los ciudadanos son bastante beligerantes cuando de asuntos partidarios se trata.

Por más que algunos proclamen, y lo hacen desde la década del 90, que el sistema tradicional de partidos políticos en el país está desprestigiado, siempre y en forma sostenida, las entidades que lo conforman muestran sus músculos, aunque algunos suelen lucir muy flácidos y pocos convincentes.

En los comicios que cada cuatro año, en dos tiempos, febrero, para las municipales, y mayo, para las presidenciales y congresuales, organiza la Junta Central Electoral (JCE), se aprecia la errática visión que han mantenido algunos analistas a lo largo del tiempo, en el sentido de que el sistema de partidos convencionales colapsó.

Esta oportunidad, en la que se prevén las elecciones municipales para el 18 de febrero próximo; y las presidenciales y congresuales para el 19 de mayo, no será la excepción para la participación de un electorado que hace cuatro años, en el 2020, incluso, desafió sin pestañear el cierre del país, que se prolongó por más de un año y medio, como consecuencia del COVID-19.

La JCE trabaja en forma activa para el funcionamiento de 4 mil 420 recintos y 17 mil 317 colegios electorales, a los que, de acuerdo al padrón electoral, estarían asistiendo 8 millones 103,291 personas, para las municipales previstas para dentro de tres semanas; y 8 millones 118,214, el proceso programado para mayo de 2024.

Los más de ocho millones de electores con que cuenta el país no parecería un número impactante, si solo lo viéramos en forma aislada.

Si contextualizamos, estamos hablando de, nada más y nada menos, que del 75% de la población total del país, que es de 10 millones 760 mil veintiocho personas, según el más reciente Censo Nacional, de agosto del año 2022.

Habitualmente, el promedio de abstención electoral ronda el 25% en República Dominicana, en situaciones de normalidad, que no es tan elevado y que no fue el caso del pasado proceso comicial, realizado bajo pandemia, cuando la inasistencia a las urnas superó el 40% de los empadronados, lo que era entendible.

Si partiéramos de ese promedio en la abstención electoral, estaríamos en presencia de un proceso que todavía se abre para el fortalecimiento de la democracia, que es el sistema político con el que nos desenvolvemos, con sus imperfecciones y la cantera de mañas y retorcimientos que durante años les han introducido grupos que han estado por mucho tiempo en el poder o cerca de él.

Es, entonces, una gran oportunidad para que el sistema de partidos políticos con que cuenta la nación, hasta ahora, se reivindique y muestre comprensión e interés por mantener las bases estructurales que lo sustentan que son, precisamente, los electores.

El domingo 18 de febrero, los electores acudirán a las urnas y depositarán sus votos por los candidatos municipales de su preferencia, en la confianza de que se respetará su voz, emitida a través de su decisión, sin que asome la posibilidad de otro domingo 16 de febrero del año 2020, cuando siendo, las 11:11 minutos de la mañana se anunció la suspensión del proceso.

Tanto en el febrero venidero, mes en el que el corazón de la Patria late con más fuerza, aunque pareciera que, con menos prisa, como en el mes de mayo próximo, habrá resultados a partir de lo que ha hecho cada ente político partidario desde sus legítimos espacios.

En esos escenarios, los electores se identificarán con quienes, en el momento que les ha correspondido, hayan sabido conducir las políticas públicas necesarias para el crecimiento y el desarrollo de la comunidad y del país, en sentido general, a pesar de las adversidades, inspirados en el servicio por y para la gente.