Esta presencia de cálculos o piedras en el interior del riñón o en los uréteres impiden la salida de la orina, causando inflamación en las vías urinarias y provocando dolor.

Para que el cuerpo humano funcione correctamente, necesita energía. Esta energía se obtiene, principalmente, de los alimentos que ingerimos a diario. Una vez conseguida la energía, lo que sobra se envía a la sangre.

Pero la sangre precisa estar limpia cuando llega a los diferentes órganos del cuerpo. Para limpiarla, filtrarla y mantenerla en condiciones adecuadas están los riñones.

Los riñones se encargan de eliminar los desperdicios de la sangre y el exceso de agua en forma de orina, además mantienen el equilibrio de las sustancias químicas como el sodio, el potasio y el calcio en la sangre, elaboran hormonas que ayudan a controlar la presión arterial y estimulan la médula ósea para que produzca glóbulos rojos.

Si los riñones no pudieran eliminar estos desechos, que no vienen solamente de los alimentos, también de la descomposición normal de los tejidos, como los músculos, se acumularían en la sangre y provocarían un daño grave en el organismo.

Los riñones son dos, tienen forma de judía y están situados debajo de las costillas, uno a cada lado de la columna vertebral.

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Un riñón sano llega a filtrar media taza de sangre por minuto, eliminando los desechos y el exceso de agua para producir orina.

La orina discurre de los riñones a la vejiga a través de los uréteres, dos delgados tubos musculares que están uno a cada lado de la vejiga. La orina se almacena en la vejiga que, cuando está llena, se elimina a través de la uretra.

Cuando los uréteres se obstruyen impidiendo el paso de la orina, se produce el tan molesto cólico nefrítico, también llamado cólico renal o crisis renoureteral, a causa de la presencia de cálculos o piedras en el interior del riñón o en los uréteres que impiden la salida de la orina, causando inflamación en las vías urinarias y provocando dolor.

El dolor se refleja en la espalda, abdomen o en la ingle, comienza de repente, es agudo y normalmente viene acompañado de vómitos, náuseas, sudor, malestar general y sensación continua de ganas de orinar.

También provoca molestias miccionales, es decir, ganas de orinar con mucha frecuencia y en pequeñas cantidades, sensación de que la vejiga no se ha vaciado del todo y escozor durante la micción.

La orina a simple vista suele ser oscura, muy concentrada, de fuerte olor y puede detectarse la presencia de sangre.

“El cólico renal es una urgencia urológica frecuente que supone alrededor del 4 % de las urgencias hospitalarias. Es más frecuente en hombres entre 40 y 60 años, suele aparecer por las mañanas y durante las estaciones calurosas”, indica el doctor Harold Agudelo, médico del servicio de Urgencias del Hospital El Pilar de Barcelona.

Doctor Harold Agudelo, médico del servicio de Urgencias del Hospital El Pilar de Barcelona. Foto cedida

Los motivos por los que se produce un cólico nefrítico tienen diversos orígenes, desde no beber suficiente agua, especialmente en verano; consumir demasiadas proteínas; el consumo excesivo de sal o azúcar; tener sobrepeso, diabetes o la presión arterial alta; sufrir trastornos de la hormona paratiroidea (la que regula el metabolismo del calcio y el fósforo); tomar diuréticos o antiácidos de calcio y hasta tener antecedentes familiares con esta dolencia.

Sin embargo, la causa más frecuente es la presencia de piedras o cálculos en el uréter. Estos cálculos se forman como consecuencia de la acumulación en la orina de sales minerales en forma de cristales. Por este motivo, el riñón se obstruye, la orina se retiene y se dilatan las vías urinarias desencadenando el dolor típico del cólico.

“En ocasiones, el cólico renal no se debe a la presencia de cálculos sino a una estenosis, una estrechez en la pelvis renal o el uréter. En otros casos menos habituales, una compresión extrínseca del uréter por la presencia de una masa abdominal cercana, podría ser la causa del dolor del cólico nefrítico”, explica el doctor Agudelo.

Para detectar las piedras en el riñón, el médico solicitará un análisis de sangre y de orina, aunque a veces, es necesario otras pruebas complementarias como una radiografía de abdomen, una ecografía o un TAC según el caso.

Con estas pruebas se puede concretar la presencia o no de litiasis (presencia de cálculos), su tamaño, dónde se encuentran y establecer el tratamiento adecuado.

En un primer momento el tratamiento consiste en controlar el dolor con antiinflamatorios por vía oral, en caso de ser muy intenso, se pueden administrar por vía intravenosa. Si el dolor resiste al tratamiento, lo más sensato es acudir al servicio de urgencias de un hospital.

Normalmente en el 95 % de los casos, las piedras se consiguen expulsar de forma espontánea en el trascurso de las seis semanas después de sufrir el cólico.

Si hubiera alguna complicación “será necesaria la derivación urinaria que consiste en la inserción de forma endoscópica de un catéter doble jota a través del uréter desde la vejiga”, puntualiza el especialista.

Para prevenir la aparición de cálculos, lo más aconsejable es adoptar hábitos de vida saludables como mantener una hidratación adecuada, bebiendo abundante agua, sobre todo si hace calor. El agua ayuda a diluir los minerales y las sustancias que pueden dar lugar a la aparición de cálculos.

Una alimentación saludable y equilibrada, moderando el consumo de sal, carne, cacao, café, cafeína, refrescos de cola y té, evitando los alimentos procesados y la ingesta de bebidas alcohólicas, ayuda a prevenir la formación de cálculos renales.

El sedentarismo también se asocia con un aumento del riesgo de desarrollar cálculos, por eso es importante realizar ejercicio físico regularmente que, además, ayuda a mantener el peso adecuado.