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Ramón Alburquerque: el niño resiliente que aprendió inglés y francés antes que el español

31 January 2026
This content originally appeared on Listín Diario.

El ingeniero químico Ramón Alburquerque, quien falleció por quebrantos de salud y es ponderado como un gran intelectual, político e impulsor del fortalecimiento de la democracia dominicana, fue resiliente desde su nacimiento.

“Pude no haberme podido criar, porque yo nací deforme y nací en Los Haitises… de padres conuqueros”.

Así comenzó el ingeniero Albuquerque a contar su vida y acervo cultural que lo destaca como uno de los más grandes intelectuales dominicanos, en una conversación abierta con la periodista Colombia Alcántara, en su programa Altanto, donde habla de lo que pocas veces o nunca había dicho.

Su deformidad consistía en que no tenía los huesos del maxilar del lado derecho de la cara ni los músculos, además de labio fisurado, lo que dificultaba su sobrevivencia.

Su madre lo alimentaba con la leche materna, pero por su deformidad ella tenía que extraérsela. La esperanza de vida era limitada.

En la entrevista, cuenta que llegaron al país unos predicadores canadienses, de la iglesia El Nazareno, cuando apenas tenía un año y siete meses de nacido.

Su mamá le rogó que hicieran algo por él, y entre los canadienses había un médico que luego regresó y se lo llevó a Canadá, donde le hicieron 14 cirugías.

Como cada tres a cinco meses había que operarlo (le trasplantaron huesos en la cara), se quedaron en el país norteamericano con él, en un orfanato cuidado por monjas en Quebec. “Entonces yo aprendí francés e inglés antes que el español”.

Ser el más estudioso para que no se rieran de él

Fueron esas monjas que les inculcaron el amor a la lectura, explicó el expresidente del Senado, en su entrevista con Colombia Alcántara.

La lectura como “un mecanismo de defensa para que me aceptaran. Ella me decía: Tú eres un niño, y estás aquí con nosotros que te queremos mucho y nunca nos vamos a reír de ti, pero en los niños de la calle, en tu país (República Dominicana), seguro lo harán, pero si eres el más estudioso, el más dedicado, el más plenamente interesado en distinguirte, entonces no se van a reír de ti porque nadie se ríe del mejor".

A los ocho años, Alburquerque fue retornado al país. Su madre creía que había fallecido, pero no, fue traído a su tierra por los contactos que se hicieron a través de la embajada y la Policía.

Y es donde comienza a aprender español, pero también alemán. Fue llevado a un hospital en San Pedro de Macorís donde duró dos años, porque también fue intervenido quirúrgicamente, por un médico alemán que le enseñó las primeras palabras en ese idioma.

Quiere decir que a eso de los 10 años fue que entró a la escuela, sin que esto representara retraso, al contrario, era el más listo de la clase y pasaba todos los cursos.

Para ir a la escuela caminaba 14 kilómetros

Era un niño reservado, según narra, además de que por la fragilidad que tenía en la cara, dada las tantas cirugías, debía cuidarse más. Cada día caminaba unos 14 kilómetros para ir a la escuela.

En ese tiempo fallece su padre (en 1957) y la madre decide vivir en Santo Domingo con él y sus otros hermanos, en medio de las precariedades económicas en los alrededores del mercado nuevo de la avenida Duarte.

Alburquerque expresó que no habla de ese tema con frecuencia. “ Yo creo que es la primera vez, pero no es que yo quiera ocultarlo, pero tampoco... eso fue lo que me tocó, a cada ser humano le toca una cosa y tiene que vivirlo y lo vive".

La entrevista fue un recuento de toda su vida, pasando por sus estudios superiores dentro del país y el extranjero y los distintos puestos que ocupó en el Estado, desde secretario de Economía, Planificación y Desarrollo, expresidente de la Refinería Dominicana de Petróleo y otros.

También su destacada vida política en el Partido Revolucionario Dominicano, donde ocupó la presidencia de esa organización y en el partido revolucionario Moderno.