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Los rituales dominicanos más populares para atraer amor, dinero y viajes en Año Nuevo

31 December 2025
This content originally appeared on Listín Diario.
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Durante la celebración de fin de año, los dominicanos suelen realizar distintas actividades y llevan a cabo tradiciones que por años se han mantenido, hasta el momento, formando parte de las creencias culturales del país.

Aunque para muchos algunas de las tradiciones o quizás mitos dominicanos suelen sonar sin sentido, son costumbres que transmiten desde generaciones o incluso de países extranjeros.

Para el amor se conoce comer 12 uvas y, aunque tradicionalmente se prefieren las rojas para atraer el amor, el color suele ser secundario frente a la intención. Cada uva representa un deseo, y el desafío de comerlas al ritmo del reloj añade una nota de alegría y urgencia a la cena familiar.

Sin embargo, el misticismo no se queda en la mesa. La vestimenta juega un rol crucial. Semanas antes de la Nochevieja, las personas ven el rojo como un imán para quienes buscan el amor verdadero y la pasión, mientras que el amarillo es el color de la fortuna y el flujo de dinero. Estrenar una pieza de estos colores se ha convertido en una regla no escrita para asegurar que el año entrante no llegue "vacío".

Rituales para el corazón

Para las jóvenes solteras o aquellas que buscan estabilidad emocional, existe un rito que suele generar risas, pero que se sigue con absoluta seriedad: colocarse debajo de la mesa al marcar la medianoche. Esta práctica, que ha ganado popularidad incluso entre las nuevas generaciones conectadas a redes sociales, simboliza el deseo de encontrar una pareja estable o fortalecer una relación existente.

Según la creencia, el refugio de la mesa actúa como un espacio sagrado que "decreta" la llegada de un compañero sentimental durante los próximos doce meses.

El hogar dominicano no solo se decora, sino que se purifica. A medida que el año viejo pasa, las casas se convierten en escenarios de limpieza profunda.

No se trata de una simple tarea doméstica; es un acto simbólico de expulsión. La costumbre de barrer hacia afuera busca arrastrar literalmente las malas vibras, las enfermedades y la negatividad acumulada durante el año que termina. Al sacar el polvo por la puerta principal, el dominicano siente que deja espacio libre para que entren nuevas bendiciones.

Este concepto de "limpiar el camino" se extiende al uso del agua. En muchos sectores, especialmente en los barrios populares, persiste la tradición de tirar un cubo de agua por la ventana o hacia la calle. Para muchos, el agua representa la limpieza absoluta y el flujo de la vida; al lanzarla, se eliminan definitivamente los residuos de cualquier mala suerte que haya intentado instalarse en la familia.

Para quienes han atravesado un año desafiante, el ritual de quemar los deseos o las tristezas es fundamental. 

Muchas familias escriben en pedazos de papel aquello que desean dejar atrás, los fracasos, deudas y desamores, entregándolos al fuego. Este acto de fe representa una transmutación: el pasado se convierte en cenizas para dar paso a la esperanza de lo nuevo.

Por otro lado, la búsqueda de la abundancia económica encuentra su aliado en las lentejas. Aunque esta costumbre tiene raíces italianas, el dominicano la ha adoptado con entusiasmo.

Llevar un puñado de lentejas en los bolsillos durante la cena de fin de año, o incluso servirlas como parte del menú, es la garantía simbólica de que la despensa y la cartera nunca estarán vacías.

El llamado sueño del viajero

Uno de los espectáculos más pintorescos de la medianoche dominicana es el ritual de la maleta. En cuanto suena el "cañonazo", es común ver a personas de todas las edades saliendo a la calle con una maleta en mano, a veces vacía, a veces llena, para dar una vuelta a la manzana.

Este recorrido circular es una declaración de intenciones: se busca que el nuevo año traiga consigo viajes, pasaportes sellados y nuevas fronteras por descubrir. Para una nación con una diáspora tan amplia, este ritual conecta el deseo de aventura con la esperanza de reencuentros en tierras extranjeras.

Cada una de estas tradiciones es mucho más que supersticiones; son el reflejo de una cultura resiliente que, a pesar de las adversidades, elige creer en la magia de los nuevos comienzos. Cada uva, cada escobazo y cada vuelta con la maleta es un acto de optimismo que mantiene viva la identidad de los dominicanos.