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Raphy D’Oleo, empresario artístico

La poca presencia de artistas dominicanos en cualquier premiación internacional, como lo es ¨Premio Lo Nuestro¨, tiene 2 causales fundamentales: el concepto localista de las producciones musicales y la ausencia real de un mercadeo efectivo en el negocio discográfico de las plataformas virtuales de descargas y monetizaciones.

La opción para escuchar música ha tenido una evolución vertiginosa desde que nos conectábamos a Napster y Limewire para descargar canciones, y hoy estos servicios se consiguen en plataformas idénticas donde las distribuidoras digitales colocan sus canciones en tiendas en línea y servicios de streaming, como iTunes, Spotify, Apple Music, YouTube Music, Amazon, Deezer, Tidal, Tiktok, Claro música y otros. Estas distribuidoras se encargan de las licencias y distribución de artistas independientes, sellos discográficos y plataformas de entrega para la gestión de cobros, informes de ventas y control de estadísticas de sus clientes.

Conocemos a TuneCore, Symphonic, La legendaria RouteNote, Record Unión, la primera distribuidora independiente que se asoció a Spotify desde el 2009, The Orchard con sus 46 compañías subdistribuidoras, La Oreja Media, Believe, Fuga y Idol, entre otras. Todas hacen las labores de mercadeo y colocación de las disqueras tradicionales, pero en un nuevo formato que no tiene influencia para llevar a los artistas a los principales eventos de los medios de comunicación.

Las multinacionales del disco tienen el poder de llevar sus artistas principales a las grandes premiaciones mundiales, pero no se preocupan por exigir la presencia de los talentos nuevos en estos eventos, porque perderían un espacio para aquellos que les resulta más rentable. Por ello, le dan preferencia a sus representados de grandes mercados virtuales, soslayando las producciones de mercados pequeños como los de la música tropical.

El trabajo mancomunado de las multinacionales y las distribuidoras digitales resulta fundamental para el éxito de cualquier talento, no importa el género de que se trate. La música urbana producida en el país con su lenguaje soez y expresiones localistas, con raras excepciones, no traspasa las fronteras nacionales por sí sola, sino cuando los artistas realizan featuring con otros internacionales de gran envergadura, y si agregamos que la misma no está colocada en los grandes consorcios que son intermediarios con las estructuras de streaming de descargas, entonces el panorama es oscuro.

En esta edición de ¨Premio Lo Nuestro¨, los 3 artistas más nominados son de Colombia (Maluma), México (Peso Pluma) y Estados Unidos (Grupo Frontera), los países que tienen las mayores influencias discográficas virtuales para colocar sus artistas en cualquier mercado.

Los artistas reconocidos por trayectoria, icónicos y excelencia son de México (Ana Bárbara) y Puerto Rico (Don Omar y Olga Tañon).

Sólo hay 7 artistas dominicanos de 180 nominados, 4 que coquetean con la bachata (Juan Luis Guerra, Romeo Santos, Elvys Martínez, y Prince Royce) y tres de la música urbana (Natti Natascha, Tokischa y J Noa), todos con el enorme soporte de las multinacionales y las distribuidoras virtuales, y sin residencia permanente en la República Dominicana.

Entonces el problema no está en la música dominicana, está en quienes tienen en sus manos el negocio de nuestros géneros, que, a diferencia de los disqueros de antes, no tienen el poder para influir en los organizadores de esos premios internacionales.