Geopolítica Biomédica y Seguridad Hemisférica: El Rol de la República Dominicana
Durante la pandemia aprendimos que la salud es un asunto de seguridad nacional. Cuando faltaron mascarillas, pruebas y medicamentos, descubrimos que depender de fábricas del otro lado del mundo generaba una gran inseguridad. Todo esto evidenció una fragilidad importante del sistema, y lo frágil en salud es MUY peligroso.
Durante mucho tiempo, nuestro continente se fue adaptando a una producción a bajo costo, pero a larga distancia. Pero el COVID generó una importante disrupción en las cadenas de suministro. La pandemia demostró que la salud, la economía y la geopolítica caminan de la mano.
En septiembre de 2025, Estados Unidos reaccionó con la America First Global Health Strategy (AFGHS), un intento de aprender de los errores de la pandemia. La estrategia se resume en tres ideas: ser más seguro, más fuerte y más próspero. Más seguro es tener capacidad para responder a crisis sin depender de rutas frágiles; más fuerte es construir alianzas en las que los países sean socios y no simples receptores de ayuda; y más próspero es entender que la salud también genera empleos, innovación y desarrollo.
El mensaje es sencillo: Estados Unidos busca una producción más cercana y mayor confianza entre aliados (nearshoring/allyshoring). No se trata de separar hemisferios, sino de organizarse con sentido común, reconociendo que los medicamentos y las tecnologías médicas son tan estratégicos como la energía o los alimentos.
Todo esto le presenta a República Dominicana una oportunidad importante: el nearshoring biomédico (traer la producción más cerca) esta encaja a la perfección con nuestras realidades. Estamos a menos de dos horas de Miami; tenemos puertos modernos, aeropuertos eficientes y un sistema de zonas francas que ya ha demostrado que puede competir con cualquiera. Eso, en tiempos de incertidumbre global, se convierte en un activo estratégico.
¡Sabemos cómo hacerlo! Somos la segunda economía del Caribe y un socio histórico de Estados Unidos. Hemos aprendido a atraer inversión, a producir para exportar y a jugar en ligas internacionales. Con un poco de visión podemos convertirnos en el lugar donde se fabriquen medicamentos, dispositivos médicos y diagnósticos con estándares de primer nivel, sin depender de rutas lejanas que se rompen a la primera crisis.
El mundo nos está dando señales claras. China avanzó porque logró sentar en la misma mesa al Estado, a las universidades y a las empresas (la “triple hélice” del desarrollo). La industria de los semiconductores demostró que la seguridad no está en una sola nación produciéndolo todo, sino en crear redes confiables entre aliados. En salud debe pasar igual: investigación, producción, regulación y logística tienen que funcionar como un solo cuerpo. Y la República Dominicana puede ser un órgano vital de ese ecosistema regional.
Nuestra región no puede seguir ignorando esta oportunidad. América Latina depende demasiado de Asia para sus insumos farmacéuticos. Eso nos deja vulnerables cada vez que el mundo tiembla. Un corredor biomédico con centro en la República Dominicana permitiría producir y distribuir desde democracias cercanas. Para Estados Unidos sería menos riesgo; para el Caribe, más empleos, más conocimiento y más dignidad productiva.
Esto no se logra con discursos bonitos. Hay que hacer la tarea: modernizar las regulaciones para estar a la altura de la FDA y la EMA, invertir en energía estable, agua y cadena de frío, crear financiamiento inteligente y, sobre todo, formar recursos humanos técnicos. Sin científicos, técnicos y reguladores de alto nivel, no hay milagros. También hace falta que el gobierno trabaje en equipo y no como islas: salud, industria, educación y relaciones exteriores remando en la misma dirección.
La ruta crítica: una alianza formal con Estados Unidos para la resiliencia biomédica; una estrategia nacional con horizonte al 2035; clústeres en el Cibao y en Santo Domingo; un fondo para la innovación y para traer de vuelta a nuestra diáspora; y una diplomacia económica que salga a buscar a los grandes del sector, no a esperarlos sentados.
La pandemia nos dejó unas lecciones: lo barato puede salir carísimo. La eficiencia sin resiliencia es una trampa. Pero también nos dejó una oportunidad. La República Dominicana tiene talento, ubicación y experiencia para dar un salto que pocas veces se repite en la historia. No se trata solo de fábricas y empleos, sino de convertir la salud en un proyecto de nación.
Ojalá sepamos ver más allá del corto plazo. Más allá de intereses personales o políticos. Nuestro país ha demostrado una y otra vez que, cuando se lo propone, rompe la liga. Convertirnos en plataforma biomédica del hemisferio sería otra de esas hazañas que cambian destinos, otro elemento para lograr nuestras metas de desarrollo. Y así, cuando el mundo vuelva a temblar, no nos encuentre esperando, sino listos, produciendo, aportando y protegiendo la vida desde el suelo dominicano.
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