Participantes de la III Carrera Solidaria “Muévete por la salud renal” para sensibilizar sobre la enfermedad renal crónica y fomentar un estilo de vida saludable.

Con motivo del Día Mundial del RiñónEFEsalud habla con el presidente de la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N)Emilio Sánchez, que da las claves para tratar de prevenir la enfermedad renal crónica, advierte del silencio de los síntomas y celebra el avance en los tratamientos que ya son una realidad.

La enfermedad renal crónica (ERC) se manifiesta cuando hay algo del riñón que no funciona bien, por ejemplo porque ha disminuido el filtrado glomerular, que es la función principal de este órgano, la de depurar la sangre y generar la orina.

Se puede detectar con un análisis, que muestra con ese filtrado si existe enfermedad renal crónica. Pero la ERC también puede aparecer porque se pierdan proteínas por la orina, o sangre a través de ésta o también por quistes.

Y para que sea enfermedad renal crónica tiene que mantenerse al menos tres meses. A partir de ese tiempo si persiste el problema, se habla de ERC, una situación que no se podrá revertir. Si avanza puede acabar en diálisis o trasplante. Por eso, los tratamientos están dirigidos a ralentizar la patología, explica el presidente de la S.E.N.

Una de las barreras para la detección de los problemas de riñón es el silencio de los síntomas, que dan la cara cuando ya es tarde y la enfermedad suele estar avanzada. A lo que se une la inespecificidad de los mismos.

De hecho, según datos de la S.E.N, una persona puede perder hasta el 90 % de la función del riñón sin experimentar síntomas.

«Es un problema muy serio porque el riñón que apenas da síntomas salvo en las etapas finales de la enfermedad y prácticamente nunca un paciente va a ir a su médico de atención primaria a decirle ‘oiga, por favor, hágame un chequeo, porque yo creo que tengo enfermedad renal crónica’», subraya Sánchez.

Las señalas son pocas y despistan: cansancio, apatía, falta de apetito, nauseas, o picores, entre otros. Y, en ocasiones, puede causar un poco de hinchazón en las piernas.

«Estos síntomas coinciden con un montón de enfermedades, por lo tanto, no nos vamos a acordar del riñón casi nunca», señala el presidente de la S.E.N, quien resalta las propuestas de los nefrólogos para aportar soluciones.

En concreto, proponen que sean los profesionales de Atención Primaria los que activamente busquen a los pacientes porque sí hay un perfil de persona con enfermedad renal crónica. Suelen tener más de 50 años, ser diabéticos, hipertensos, con obesidad, y han tenido eventos cardiovasculares o antecedentes familiares de enfermedad renal.

«Que sean los profesionales de Atención Primaria los que hagan el chequeo inicial y después aquellos pacientes que tienen etapas moderadas o avanzadas de enfermedad renal crónica sean remitidos a las consultas de nefrología. Tenemos que hacerlo así porque calculamos que en España hay siete millones de enfermos renales. Los servicios de nefrología no estamos capacitados para atender a esa cantidad de pacientes, estaríamos absolutamente desbordados», asegura Sánchez.

Para el diagnóstico solo son necesarias una muestra de sangre y otra de orina. En la primera se calcula el filtrado glomerular, para dar una fotografía de cómo está la función del riñón en ese momento y en la de orina, para analizar la pérdida de proteínas. «Eso va a dar una foto de lo que va a pasar en los próximos diez años», aclara el presidente de los nefrólogos.

Y con eso, que cuesta menos de un euro, «se tiene etiquetada a la población susceptible de desarrollar la enfermedad».

Para cuidar el riñón hay que huir de sus enemigos, que suelen ser los mismos que los del corazón.

No hay que abusar de las proteínas sino llevar una alimentación basada en la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras y legumbres. Y hay que hacer ejercicio.

En España, recuerda Sánchez, la población con obesidad no ha parado de crecer en los últimos 30 años.

Y el tabaco es otro de los enemigos del riñón. En este punto el presidente de los nefrólogos lamenta que un tercio de la población española fume: ¿En qué momento hemos fracasado en el relato de contarle a la gente que fumar es malo y que no deberíamos hacerlo?», incide.

FE/Jorge Zapata.

Para esquivar la enfermedad renal crónica no hay que olvidar la hidratación, porque el riñón funciona con líquidos y si no se hidrata, funciona peor. Esto no quiere decir, matiza Sánchez, que haya que estar todo el rato bebiendo agua. Hay que hacerlo cuando se tenga sed.

«Ahora hay mucha manía, sobre todo entre la gente joven que está todo el día con la botella. A ver, daño no nos va a hacer, pero tampoco hay ninguna necesidad de estar bebiendo 3 y 4 litros diarios.», apunta Sánchez, quien cifra en litro y medio aproximadamente la cantidad adecuada al día.

También aconseja el experto evitar en la medida de lo posible consumir antiinflamatorios.

«Estos fármacos nos hemos acostumbrado a que un día me duele la cabeza y me tomo un ibuprofeno ¿no? Pues la mayor parte de los dolores deberíamos de calmarlos con analgésicos y dejar los antiinflamatorios para cuando hay una inflamación», subraya.

La enfermedad renal crónica contaba en los últimos 20 años con un grupo terapéutico de medicamentos, los inhibidores del sistema renina-angiotensina-aldosterona, que son claves para regular la presión arterial, el equilibrio de fluidos y los electrolitos.

Prácticamente al cien por cien de los pacientes con ERC que acudían a las consultas de nefrología se les prescribían.

«Por suerte desde hace aproximadamente dos años las cosas están cambiando», afirma.

Se debe por un lado a los iSGLT2, que son los inhibidores del cotransportador de sodio-glucosa tipo 2, y que han demostrado en los ensayos clínicos la reducción «drástica» de la progresión de la enfermedad renal crónica en miles de pacientes.

«Ahora estamos en un momento brutal de cambio en el paradigma de tratamiento de la enfermedad», celebra el experto.

Pero, además, a lo largo de este año van a aparecer dos nuevos grupos terapéuticos.

EFE/EPA/Ida Marie Odgaard

Por un lado, explica Sánchez, están los antagonistas receptores del GLP-1, la famosa semaglutida, más conocida por el nombre del medicamento Ozempic.

Estos medicamentos, que están ligados al tratamiento de la obesidad, han demostrado también una reducción muy importante en la progresión de la ERC.

El otro grupo de medicamentos es la finerenona, un nuevo aldoesteronico -hormona esteroidea- ya está aprobado y se comercializará el proximo mes de mayo.

«Por lo tanto, ha cambiado o va a cambiar muchísimo todo lo que es el tratamiento de la enfermedad renal crónica y va a pasar de ser una enfermedad que iba progresando con cierta rapidez a reducirse de forma considerable su velocidad de progresión», asegura el presidente de la S.E.N.

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