Entre lágrimas, silencio y gestos de profundo dolor, sobrevivientes, familiares y allegados se reunieron para conmemorar el primer aniversario de la tragedia del Jet Set, en un acto cargado de simbolismo y memoria.
En medio del duelo colectivo, la presencia de la embajadora de Estados Unidos en el país, Leah Francis Campos, llamó la atención de los presentes al tomarse el tiempo de acercarse a las familias, ofrecerles el pésame, abrazarlas y consolarlas en el momento difícil.
El lugar se transformó en un espacio de recogimiento y homenaje, ya que flores blancas fueron cuidadosamente colocadas, simbolizando las 236 vidas perdidas; mientras que pancartas con fotografías y mensajes recordaban los rostros y las historias de quienes ya no están.
Muchos asistentes vestían suéteres personalizados con imágenes y nombres de sus familiares, llevando consigo la memoria de sus seres queridos como una forma visible de amor.
A los alrededores, decenas de velones permanecían, algunos consumidos por el paso de las horas, otros recién colocados por familiares que llegaban en silencio para orar o permanecer unos minutos frente a la memoria de quienes perdieron la vida.
Las fotografías, nombres y mensajes escritos con dolor, crearon una escena profundamente conmovedora.
Las paredes y espacios cercanos estaban cubiertos de carteles y pancartas con frases que reflejaban tanto el amor como la exigencia de justicia.
Mensajes como “Siempre vivirás en nuestros corazones”, “No los olvidamos” y “Justicia para nuestros familiares” se repetían en distintos puntos del lugar, evidenciando que el duelo sigue presente y que la herida aún no cierra.
En la zona cero, también se observaron fotografías enmarcadas, rosarios colgados y pequeños altares improvisados, donde las personas colocaban flores, velas y objetos de recuerdo. Algunos familiares permanecían en silencio mirando los nombres de las víctimas, mientras otros se abrazaban, lloraban o rezaban, intentando encontrar consuelo en medio del dolor.

La escena estuvo marcada por un sentimiento colectivo de tristeza, pero también de unión y solidaridad. Cada detalle las flores, los velones, las pancartas y los suéteres personalizados reflejaba el esfuerzo de las familias por mantener viva la memoria de sus seres queridos y por no permitir que el tiempo borre su recuerdo.
A un año de la tragedia, el lugar sigue siendo un símbolo de duelo, pero también de amor y esperanza. Allí, entre lágrimas y abrazos, quedó claro que las víctimas no han sido olvidadas y que sus familias continúan firmes en su lucha por justicia.
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