La industria turística en República Dominicana ya aporta 15.9 % del PIB, genera US$11,866 millones en divisas y casi triplica su contribución fiscal en una década, de acuerdo a datos ofrecidos recientemente por la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores). Sin embargo, para otros turistas, como las aves playeras migratorias, en ocasiones el crecimiento de este sector resulta una amenaza.
El número de estas aves, las cuales deciden pasar temporadas en las costas y los humedales de esta parte de la isla para disfrutar del buen clima y la variada alimentación, ha ido decreciendo en los últimos años debido a la pérdida progresiva de hábitat, el principal factor de riesgo que enfrentan en el país, según expertos.
“Aquí no tenemos otras grandes amenazas que puedan afectar por lo menos a ese grupo de aves; lo que sí tenemos es la pérdida de hábitat progresiva, principalmente en zonas de costa donde se desarrollan grandes proyectos y son muy vulnerables si los proyectos no tienen un desarrollo sostenible”, explica Pedro Julio Araujo, biólogo especializado en ornitología que se desempeña como técnico en el Ministerio de Medioambiente y Recursos Naturales (Mimarena), ya que hay proyectos infraestructurales cuyas construcciones han implicado la eliminación de vegetación y la vulneración del ecosistema playero.
El desarrollo urbano, es decir, las construcciones de edificaciones en las áreas que habitan estas especies incluyen secado de humedales, destrucción de manglares y otro tipo de vegetación costera.
“Lo cual reduce los recursos (hábitats y alimento) disponibles para que estas especies cumplan su ciclo de vida”, agrega la bióloga Hodali Almonte.
Almonte, también profesional del estudio de las aves, enumera además el cambio climático y las perturbaciones antropogénicas en sus hábitats como otras amenazas actuales para estas aves. Entre estas últimas cita la contaminación con basuras y desechos orgánicos.
Los plásticos, por ejemplo, son “un gran problema para estas aves y otros organismos, ya que contaminan los ecosistemas y pueden ser trampas mortales para las aves”.
“También, se debe mencionar la presencia de perros y gatos en playas, manglares y otros ambientes importantes para aves playeras, los cuales son depredadores de huevos, juveniles y adultos”, añade la también curadora de la colección de aves en el Museo Nacional de Historia Natural Prof. Eugenio de Jesús Marcano.
Por otro lado, recuerda Almonte, “el cambio climático representa el mayor reto para las aves playeras en toda su área de distribución”. Los impactos potenciales incluyen: reducción en la cantidad y calidad de los humedales, alteración de las cadenas tróficas y aumento en la frecuencia de eventos climáticos extremos.

Entre las consecuencias de tales cambios ecológicos se observa la llegada más temprana de las aves playeras a sus sitios de anidación.
Asimismo, el aumento del nivel del mar impacta la disponibilidad y la calidad de sitios de alimentación y descanso de las aves playeras en toda la ruta migratoria.
“Además de la pérdida directa de hábitats causada por el aumento en el nivel del mar, los cambios provocados por el clima en los océanos podrían afectar los recursos alimenticios de las aves playeras”, argumenta la experta.
Por lo que considera que aquellas áreas que albergan una elevada abundancia y diversidad de estas aves y que, al mismo tiempo, están sometidas a una fuerte presión antropogénica, en particular humedales y zonas costeras afectados por actividades de desarrollo turístico, residencial, hidroeléctrico y agrícola, requieren esfuerzos de conservación prioritarios.
Migración
Los especialistas ubican la llegada de las especies migratorias a las costas dominicanas entre finales de agosto y principios de septiembre, coincidiendo con el fin del verano y el inicio de las temporadas con descenso de temperaturas.
Estas aves proceden de regiones de Norteamérica, incluyendo Estados Unidos, Canadá y otras zonas ubicadas más al norte del continente, las cuales encuentran en La Hispaniola un refugio ante las inclemencias del frío en sus países de residencia u origen.
“Se trasladan a lugares donde el clima es más benigno y menos estresante para ellos”, cita en sus publicaciones la Red Hemisférica para la Conservación de Aves Playeras.
Los playeros suelen migrar siempre al mismo lugar, según Araujo. En su búsqueda de zonas de clima cálido hacia el Sur, la República Dominicana queda en su ruta de vuelo y “se paran aquí todos los años porque tiene un clima tropical donde hay abundancia de alimento”, beneficioso tras sus largos trayectos y para estar en buenas condiciones a su regreso.
El siguiente pico de abundancia Almonte lo ubica desde finales de marzo hasta principios de abril, cuando retornan a donde pertenecen, comúnmente para la temporada de reproducción.

Características
“Las aves playeras constituyen un grupo de aves estrechamente asociado a ambientes costeros, marismas y humedales, donde habitan y se alimentan principalmente sobre sustratos terrestres fangosos o en aguas someras”, expone la bióloga Almonte. Entre esos alimentos están ciertos insectos e invertebrados, según el también biólogo Pedro Julio Araujo, que generalmente están en zonas húmedas y orillas de cuerpos de agua.
Sin embargo, Araujo destaca que el término “playeros” es un término general, “porque no todos los playeros viven en las playas o bordes de playa; hay playeros que viven en lagunas o en los alrededores de lagunas salobres o saladas, de lagos también y de orillas de ríos, incluso muy lejos de las costas y de las desembocaduras”.

Estas especies presentan adaptaciones morfológicas distintivas, como picos y patas alargadas, que facilitan la locomoción y la captura de presas en los hábitats litorales y acuáticos que ocupan.

Este grupo incluye chorlos, chorlitos, tiití, playeritos, playeros, avocetas, ostreros y falaropos, los cuales, pertenecen al orden Charadriiformes, de acuerdo a datos compartidos por Almonte.
“En República Dominicana se han reportado 30 especies de playeros (Latta, 2006). De estas tres especies son residentes: chorlio niveo (Anarhynchus alexandrinus), chorlito cabezón (Charadrius wilsonia), el tiíto (Charadrius vociferus). El resto son especies migratorias. Más de 25 especies son migratorias”

Estas aves presentan una distribución amplia a lo largo del litoral costero, donde ocupan diversos hábitats. La República Dominicana tiene la peculiaridad de que tiene ambientes y ecosistemas muy variados, lo que atrae a aves de todos los grupos de playeros, señala Araujo. Por ello, durante la época migratoria se les puede avistar en cualquier ecosistema de agua salada: playas y sus bordes, en los lagos, orillas de río, lagunas, entre otros.
Monte Cristi, ¿posible provincia santuario?

“Es fácil encontrarlo en cualquier lado. Incluso en los islotes que tenemos o cayos, como es el caso de Cayos Siete Hermanos, Monte Cristi, que están en el medio del mar, son apenas unos cayos que sobresalen y allí también frecuentan los playeros”.
Sin embargo, contrasta Almonte, la abundancia y diversidad de playeros no es homogénea en todo el territorio, sino que se concentran en zonas específicas del país.
“Entre las áreas de mayor importancia destacan los humedales y marismas de la provincia de Monte Cristi, Puerto Alejandro en la provincia de Barahona, y las Salinas de Baní en la provincia de Peravia”, detalla la bióloga egresada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Entre las características que hacen a Monte Cristi un sitio clave para la presencia de aves playeras destacan su amplio complejo de manglares: manglares de Estero Balsa, Manglares de Estero Hondo, Laguna Saladilla, así como también áreas agrícolas como arrozales, estuarios y llanuras, además de salinas artificiales. Características similares comparten lugares como Puerto Alejandro.
Citando a Cañizares y Reed (2020), en su artículo «Identificación de áreas prioritarias para la conservación de aves playeras en el Caribe», Almonte refirió que se identificó a la ciudad del Morro como un área de alta importancia para la conservación de estas aves, debido a que puede alojar más de 20,000 playeros al año.

La elevada abundancia de playeros registrada en Monte Cristi indica, según Almonte, que esta zona constituye un área crítica para la conservación de estas aves, lo que hace imperativo intensificar las acciones de manejo dirigidas a su protección.
“Esto implica reducir las amenazas existentes mediante el diseño e implementación de estrategias de manejo sostenible que concilien la conservación de los hábitats esenciales para las aves playeras con el desarrollo de actividades productivas compatibles, como el turismo responsable y otros usos del suelo que no comprometan la integridad ecológica de los humedales, marismas y zonas costeras”, agrega la bióloga.
Estadísticas
Cada 6 de septiembre se conmemora el Día Mundial de las Aves Playeras, con la finalidad de promover su conservación y proteger sus hogares naturales, así como también su monitoreo e investigación.
En la actualidad, la República Dominicana carece de estimaciones poblacionales para las especies de playeros (Scolopacidae y Charaiidae).
“De hecho, los playeros son uno de los grupos de aves más difícil de trabajar por su similitud y por sus hábitos, ya que regularmente se mueven en un ambiente donde es muy difícil estudiarlos, son aves muy, muy esquivas y eso hace que se complique”, especifica Araujo.
Sin embargo, este colaborador del Mimarena asegura que ese organismo hace un trabajo de monitoreo y conteo en sus zonas de frecuentación, aunque “no tenemos censos como tal”. Además, han colaborado con organizaciones internacionales en la recopilación de datos e información sobre aves playeras y marinas en el Caribe.

Lo que representa RD para estas aves
La República Dominicana se consolida como un territorio esencial para las aves playeras que recorren la Ruta Migratoria del Atlántico.
Sus diversos ecosistemas, la disponibilidad de alimento y su ubicación geográfica estratégica convierten lugares como Monte Cristi, Puerto Alejandro y Barahona en refugios fundamentales para el descanso y la invernada de numerosas especies. Pero no solo ellas se ven beneficiadas.
Estas aves cumplen con un papel ecosistémico bastante importante. Durante la temporada de migración y de alimentación, narra Araujo, se encargan de controlar especies de invertebrados en el país. “Si no fueran por ellas se convertirían en un problema ecológico, ellas se encargan de mantener el control de esas poblaciones”, dice sobre estas aves.
Pero también son un activo para el turismo en la República Dominicana, gracias a su vistosidad y belleza, son “de comportamientos muy peculiares que le llaman la atención a muchos turistas y bañistas que vienen al país”.
Por lo que estos espacios representan una pieza clave para la supervivencia de aves que recorren miles de kilómetros en busca de condiciones favorables, como lo son además el bajo número de depredadores naturales (entre ellos grandes felinos) o de la caza de estos pájaros.
Más allá de preservar los paisajes que sirven de atractivo para millones de turistas año tras año, cuidar costas y humedales garantiza que estas aves puedan encontrar en territorio dominicano un lugar seguro donde continuar sus acostumbradas vacaciones de invierno en el país que “lo tiene todo”.
Declive de las aves playeras.
Se ha documentado una disminución significativa en la abundancia de muchas especies de aves en comparación con años anteriores. Especies que anteriormente se registraban como comunes en áreas específicas han desaparecido de dichas localidades o presentan una frecuencia de observación notablemente reducida.
El biólogo Pedro Julio Araujo precisa que el declive, con “números alarmantes” en Latinoamérica, se debe fundamentalmente a la pérdida de hábitat.
Las especies que han reducido sus poblaciones en República Dominicana y el Caribe son el chorlito silvador (Caradrius melodus), el chorlito niveo (Caradrius alexandrinus), el chorlo gris (Pluvialis squatarola), el Playero turco (Arenaria interpres) y el playero de rabadilla blanca (Calidris fuscicollis), entre otras especies. Sin embargo, no se tienen datos estadísticos precisos, según la ornitóloga Hodali Almonte.
Su rol es vital: controlan insectos, indican la salud de los ecosistemas y atraen ecoturismo sostenible. Proteger su hábitat es asegurar que sigan siendo parte de estas costas y de la biodiversidad.
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