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Aprender en un mundo impulsado por la IA

28 February 2026
This content originally appeared on Listín Diario.
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Los avances tecnológicos contemporáneos, en particular la inteligencia artificial (IA), están transformando de manera acelerada múltiples ámbitos de la vida social, económica y educativa. Ante este escenario, los sistemas educativos tienen la responsabilidad de adaptarse sin perder su misión fundamental: formar personas íntegras, competentes y éticamente responsables. La tecnología debe entenderse como un medio al servicio de la educación, y no como un fin en sí misma.

La incorporación de la inteligencia artificial y de otras tecnologías avanzadas está modificando el mercado laboral mediante la automatización de tareas rutinarias y la creación de nuevas ocupaciones que requieren competencias distintas. En consecuencia, los sistemas educativos deben garantizar una formación sólida en habilidades fundamentales, tales como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la comunicación efectiva y la capacidad de aprendizaje permanente.

La colaboración entre seres humanos y sistemas inteligentes será cada vez más frecuente; por ello, la educación debe preparar a los estudiantes para interactuar responsablemente con la tecnología, sin sustituir el juicio humano ni la responsabilidad personal.

En el ámbito educativo, la inteligencia artificial puede contribuir a mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje mediante la personalización educativa, el apoyo a la labor docente y la optimización de tareas administrativas. No obstante, su adopción debe realizarse con cautela y regulación clara, garantizando la protección de los datos personales, la equidad en el acceso y la prevención de sesgos algorítmicos. La autoridad pedagógica del docente y el valor de la interacción humana deben preservarse como pilares del proceso educativo.

El fortalecimiento de la alfabetización digital constituye una prioridad ineludible. Los sistemas educativos deben asegurar que los estudiantes adquieran conocimientos y habilidades para utilizar la tecnología de forma crítica, ética y responsable. Esto incluye comprender los alcances y límites de la inteligencia artificial, proteger la privacidad personal, evaluar la calidad de la información digital y emplear las herramientas tecnológicas de manera que contribuyan al aprendizaje, al bienestar y al desarrollo moral. En este sentido, el currículo debe integrar la alfabetización digital de forma transversal, alineada con los valores y principios de la institución educativa.

Las tecnologías emergentes también ofrecen oportunidades para apoyar la salud y el bienestar de la comunidad educativa. La inteligencia artificial y las tecnologías inmersivas pueden complementar los servicios de orientación, inclusión y apoyo a personas con necesidades específicas. Sin embargo, su uso debe estar subordinado a criterios pedagógicos y de salud claros, evitando la dependencia excesiva de dispositivos digitales y promoviendo un equilibrio adecuado entre tecnología, interacción social y desarrollo personal.

Finalmente, la brecha digital sigue representando un desafío significativo. Los sistemas educativos, en coordinación con el Estado y otros actores sociales, deben trabajar activamente para garantizar el acceso equitativo a los recursos tecnológicos, evitando que la innovación profundice las desigualdades existentes. La integración de la inteligencia artificial en la educación debe orientarse al bien común, asegurando que sus beneficios alcancen a todos los estudiantes, sin exclusiones.

En conclusión, la inteligencia artificial puede constituir un apoyo valioso para la educación si se implementa de manera prudente, regulada y coherente con los valores tradicionales de la formación humana. El desafío central no es tecnológico, sino educativo: decidir cómo utilizar estas herramientas para fortalecer, y no debilitar, la misión esencial de la educación.

El autor es profesor e investigador en la Escuela de Negocios de PUCMM.