Jugar en el espacio más ínfimo del play se convirtió en motivación para el entonces niño Agustín Ramírez en sus aspiraciones de crecer y en el período más corto accionar junto a los infantes de mayor edad.
“Papi ya no quiero jugar en la esquinita”, le decía con frecuencia Agustín, quien para la época contaba con 8 años y le correspondía jugar infantil, mientras los de pequeñas ligas (10-12 años) si actuaban en el escenario más amplio en el play de Lee, de los Alcarrizos.
“Hijo mío, para ser esto tiene que repartirle palos a los muchachitos que les lanzaban para que te suban de categoría y entonces podrá participar en la parte de mayor dimensión del parque”, le respondió su padre del mismo nombre, en busca de no matarle la ilusión y el crecimiento que anhelaba para ser pelotero.
Con ocho años, tomó esto como su primer gran reto en la pelota y a las pocas semanas llegó desde el play con la noticia de que había sido subido al equipo mayor, con todo y que continuaba con esa edad.
Quizás en ese momento, nació en Agustín, hoy preparándose para su segunda campaña con los Marlins, el hambre de trabajar con fortaleza, enfrentar los obstáculos que tuviera en su trajinar, alcanzar su firma para el profesionalismo y continuar su próximo destino de integrar un equipo de Grandes Ligas.
No importa que haya nacido en Barrio Landia, de los Alcarrizos, uno de los sectores de mayor tasa de violencia en la capital, Agustín nació para jugar al béisbol, casi el único deporte que abrazó en su niñez, incluso desde niño siempre le dejaban bates, guantes y pelotas.
Su madre, Leonarda García, expresa que su progenitor desde sus inicios solo ha observado al béisbol como único deporte. Según ella, Agustín posee los genes de su familia, pues recuerda que a su papa le llamaban Mateito en Nagua, debido a la finura con la que bateaba el otrora campeón de bateó de la Liga Nacional con los Piratas y sus 342 en 1966.
“Siempre vivía con un bate en las manos, jugando béisbol y sabía que Agustin en algún momento sería pelotero”, sostiene.
Y su vástago no le hizo quedar mal desde su firma con los Yankees en 2018, se ha esforzado en mejorar en cada parada en que ha estado, en que incluso en las Menores llegó a promediar 25 jonrones y 93 empujadas en 2024 en varios circuitos.
Para Ramírez ha valido la pena los esfuerzos en busca de mejorar, tras ser negociado por los Yankees a los Marlins el 27 de julio del 2024. Menos de un año después, el 20 de abril había sido llamado por Miami.
“Sabía que mi momento llegaría, trabajé mucho para lograrlo”, agrega el cátcher sobre su ascenso y sus registros de 21 jonrones, 33 dobletes, 67 remolcadas y un average de .231. Estos le merecieron el sexto puesto en la carrera por el Novato del Año de la Liga Nacional.
Llamado para el
Clásico Mundial
Sostiene que ya recibió la llamada para integrar al equipo dominicano en el Clásico Mundial de Béisbol, aunque aún no ha tomado una decisión definitiva, pero está positivo de representar al país. “Sería una experiencia bien bonita jugar para Dominicana”, dijo el peloetro, quien trabaja en seguir mejorando su bateo y defensa.
Padres en shock
con llamada
Tras ser llamado al equipo grande, su madre venía desde Nagua, su padre laboraba en la Pasteurizadora Rica y el pelotero hizo de inmediato una llamada vía video y entre llanos brindó la noticia más trascendente hasta el momento.
Related News
Qué se sabe del accidente de dos trenes en España que ha provocado al menos 39 muertos
Mescyt abre convocatorias de becas internacionales y nacionales
“Teteo” sin control y calles inundadas son el calvario del sector Los Solares, en El A...