Las elecciones de medio término para elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y parte del Senado ocurren en un ambiente cargado de tensiones.
La sociedad estadounidense está tan polarizada que un triunfo arrollador de cualquier grupo puede desatar una respuesta violenta del perdedor. Las votaciones suelen ser ordenadas y pacíficas; los problemas nacen cuando el conteo de votos no satisface las expectativas grupales.
Si usamos las dos últimas elecciones de medio término como termómetro, las actuales podrían ser un proceso ordenado. En 2018, con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, los demócratas ganaron la Cámara de Representantes y los republicanos tomaron el control del Senado.
En 2022, con Joe Biden en la presidencia, los demócratas ganaron el Senado y los republicanos, la Cámara de Representantes. En ambos casos, quien controló el ejecutivo mantuvo el control del Senado y el grupo opositor capturó la Cámara de Representantes.
Actualmente, el Partido Republicano controla ambas cámaras del Congreso. Perderlas significará que Trump tendrá muy poco poder y tendrá que gobernar “por decreto” el resto de su mandato, como hizo Barack Obama durante sus dos últimos años.
Que los republicanos pierdan el control de la Cámara Baja sería algo “normal”, pero si pierden ambas cámaras, la situación sería muy diferente. A Trump le conviene, si debe perder algo, perder la Cámara y retener el Senado.
Es casi seguro que los demócratas iniciarán juicios políticos (impeachment) contra Trump si obtienen el control de la Cámara Baja. Eso no sería un gran problema si Trump retiene el Senado; en esos procesos, la Cámara Baja formula la acusación, que debe conocer el Senado como juez de la querella. Si Trump controla el Senado, no habrá problemas. Si él retiene el control del Congreso, también puede haber problemas.
Cualquiera de esos escenarios puede conducir al mismo desenlace.
La violencia
Algunos demócratas temen que el presidente Trump intente alterar el orden constitucional para evitar un “impeachment”. Algunos republicanos creen que, si los demócratas no logran controlar el Congreso, igual intentarán interrumpir el orden institucional.
La sociedad está mucho más polarizada de lo que parece y se vive un ambiente de “normalización” y, en algunos casos, hasta de “glorificación” de la violencia.
En una nación llena de gente armada, con diferencias irreconciliables, el enfrentamiento armado debe considerarse un destino ineludible.
William H. McNeill, historiador de la Universidad de Chicago, dijo en su libro “Plague and People” (1976) que las pandemias polarizan las sociedades y facilitan la violencia.
Desde la pandemia de COVID-19, se han radicalizado la polarización y normalizado la violencia; aquí puede pasar cualquier cosa.
Durante la pandemia tuvimos disturbios, protestas, saqueos e intentos de desestabilización política.
Tuvimos los desórdenes y saqueos tras el asesinato de George Floyd en Minneapolis, Minnesota, en mayo de 2020, y en enero de 2021 fue el asalto al Congreso.
Hasta este momento, los Estados Unidos son el único lugar de Occidente donde todavía hay cierta paz social.
Los disturbios y las protestas callejeras contra los gobiernos europeos, y un reciente intento de golpe de Estado en Polonia, muestran el avance de la decadencia europea, de todo Occidente.
Los desórdenes son como los brotes infecciosos; se contagian de país a país con asombrosa rapidez y facilidad.
Más allá del control del Congreso, en estas elecciones está en juego la paz social y política de los Estados Unidos.
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