Hay algo paradójico en el béisbol que Carlos Peña observa desde fuera del terreno, y es que mientras la tecnología llegó para hacer más precisas las decisiones, también ha conseguido poner en evidencia, como nunca antes, a quienes durante décadas tuvieron la última palabra sobre una jugada.
El exjugador de Grandes Ligas y actual gerente de los Leones del Escogido entiende que el béisbol necesitaba evolucionar. El Automated Ball-Strike System (ABS), implementado en MLB en esta temporada bajo un formato de desafíos, es parte de esa transformación.
Pero para Peña, la discusión no debería reducirse a sustituir al hombre por una máquina, sino a encontrar la manera de utilizar la tecnología sin despojar al juego de su componente humano.
“Yo no quiero que el árbitro robot reemplace al árbitro humano. Yo quiero que el árbitro humano tenga la tecnología para poder hacer la llamada correcta”, plantea Peña, al ser entrevistado en la sección Palco de Grandes Ligas, que conduce el editor deportivo Héctor J. Cruz.
La diferencia parece sutil, pero para quien pasó 13 años en las Grandes Ligas tiene un significado profundo. Una pantalla puede mostrar en fracciones de segundo que una pelota estuvo fuera de la zona o que un strike fue mal cantado. El problema, según su lectura, es que cada corrección pública también puede convertirse en una exposición del árbitro frente a jugadores, aficionados y transmisiones.
Peña observa que la tecnología puede terminar haciendo visible aquello que antes quedaba en la interpretación de un ser humano. Y eso modifica la relación entre el árbitro y el juego.
“Hay jugadas que pasan tan rápido que el ojo humano no las puede percibir. Si tenemos la tecnología para ayudar al árbitro, debemos usarla para ayudarlo, no para hacerlo quedar mal”, sostiene.
Ahí aparece uno de los límites que Peña coloca sobre la mesa. El béisbol no puede pretender que los árbitros sean infalibles, pero tampoco ignora que determinadas decisiones tienen consecuencias enormes. Para él, existe una frontera que no debería cruzarse, y es que un error de percepción termine definiendo el escenario más importante de la temporada.
“Una Serie Mundial no debería decidirse por un error de un árbitro. Hay jugadas que son demasiado rápidas para que el ser humano pueda verlas y, si tenemos la tecnología, tenemos que utilizarla”, afirma.
Aumento de la velocidad
La transformación tecnológica, sin embargo, no se limita al plato. Peña también observa desde una perspectiva privilegiada cómo la velocidad modificó el enfrentamiento entre lanzadores y bateadores. Cuando llegó a las Grandes Ligas, la velocidad promedio de las rectas de los abridores rondaba las 91 o 92 millas por hora. Hoy, ese escenario es considerablemente distinto.
“El bateo es una apuesta informada. Tú estás tratando de interpretar lo que estás viendo y anticipar dónde va a estar la pelota cuando llegue al punto de intersección”, explica.
El dato ayuda a entender por qué el antiguo juego de reacciones se ha convertido cada vez más en un ejercicio de anticipación. MLB reportó que en 2012 la recta de cuatro costuras de los abridores promediaba 91.8 mph, frente a las 94.6 mph de 2026. Además, los lanzamientos de 100 millas por hora dejaron de ser una rareza exclusiva de determinados relevistas.
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