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Juan Ramón Batista Mota: “Perdí a mi primera familia en un incendio, y me levanté con la gracia de Dios”

15 June 2026
This content originally appeared on Listín Diario.
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Como ‘Claudio Chimi’ o 'Chimi Claudio' es que todos conocen a Juan Ramón Batista Mota. Mencionar este nombre es como ‘saborear’ la historia de un hombre que, por 44 años, entre el calor, la presión por los pedidos de sus chimichurris y la realización de un trabajo fuerte ha creado el sustento de su familia.

Vestido de punta en blanco llegó a LISTÍN DIARIO para contar su historia de crecimiento, sus adversidades y las herramientas poderosas con las que ha podido vencer los obstáculos en el camino.

 Con una chacabana de lino, azul claro, un pantalón oscuro de vestir, y un ánimo que delataba lo orgulloso que está de su superación, entró a la Redacción acompañado de su hijo Josué, periodista de este medio.

De fino trato y una sonrisa franca, don Claudio no perdió tiempo en hablar de la razón por la que tanta gente lo conoce. 

Fue a los 22 años que este dominicano nacido en Magua, Sabana de la Mar, comenzó a trabajar en un puesto, que lejos tenía podía llegar a ser suyo.

 Dispuesto a aprender y a ganarse a pulso lo que le pagaban por sus servicios, sentó las bases para que siete años después, el dueño del negocio confiara plenamente en que él podía hacerse cargo de éste.

“Al propietario le salió un viaje para Nueva York y me dijo que me quedara con el puesto. Yo no tenía el dinero para pagarle en ese momento y él me lo fio”. Asumió esa responsabilidad redoblando su entrega. Estaba claro en que ya no trabajaría por un salario, sino para pagar el compromiso establecido y hacer crecer cada día más el negocio.

Juan Ramón  lleva 44 años con su negocio
Juan Ramón lleva 44 años con su negocioFuente externa

Había tiempos buenos y otros no tanto. Eso no era excusa para don Claudio bajar la marcha de su trabajo. Al contrario. Cuando veía que la cosa no andaban tan bien, enfilaba los cañones para que salieran mejor. El optimismo junto a la pasión por lo que hacía fueron sus grandes aliados.

Formó familia y, con esta fuente de trabajo la lavantaba. Eso sí, no niega que una vida un tanto desordenada se interponía en lo que quería lograr. A pesar de ello, por encima de todo estaban su esposa y sus dos hijos. 

“Llegó un momento en mi vida en que me sentía raro. Tenía como cinco días con una depresión que no sabía por qué. Un primo mío se me acercó y me dijo: ‘¿Usted se quiere convertir, primo?’. Le dije que sí. Al final del año 1999, acepté al Señor en mi corazón”. Hasta el sol de hoy, en Dios ha encontrado la fortaleza para enfrentar los momentos más duros que ha podido vivir.

“Perdí mi primera familia”

Juan Ramón Batista Mota perdió a sus  dos hijos de 13 y 14 años, y a su esposa en el siniestro
Juan Ramón Batista Mota perdió a sus dos hijos de 13 y 14 años, y a su esposa en el siniestroLeonel Matos

Precisamente, tres meses después de haberse entregado al Señor, una tragedia trastornó su vida. “En el año 2000, en un incendio perdí a mi primera familia, mis dos hijos de 13 y 14 años, y a mi esposa. Se nos quemó la casa como a eso de las 6:00 de la mañana, cuando vine a despertar ya no podía hacer nada por ellos. El humo les había arrebatado la vida”. El haber estado ya en el camino de la fe fue lo que sostuvo a don Claudio.

“Yo me sentía mal, sentía impotencia porque no pude hacer nada, porque ellos murieron y el único que quedó vivo fui yo”. La depresión se apoderó de él. Es normal. Es un ser humano. 

“Lo que sí puedo decirle es que, si yo no hubiese estado buscando de Dios, no se sabe lo que hubiese sido de mí”. Este hombre está consciente de que antes de enfrentar esta prueba, el Señor lo preparó para que siguiera adelante y no se rindiera.

Tan mal se sentía que tuvo que depositar la carga del negocio del chimi en otra persona. Claro, consciente de que “el ojo del amo engorda al caballo”, trató de reponerse y tomar las riendas de lo único que le quedaba. 

“Le pedí mi llave y, sin fuerza y sin saber qué iba a hacer, me hice cargo del negocio en el que ya llevo 44 años”. Tres años después de la tragedia, el Todopoderoso lo premió con una mujer que le ha regalado la familia que hoy posee. Ahora tiene cuatro hijos y dos nietos. Por todos ellos, no se da el lujo de rendirse ante nada.

Un carrito de chimi que se convirtió en un ‘Food Truck’

Juan Ramón Batista Mota empezó a trabajar en el puesto de chimi a los 22 años.
Juan Ramón Batista Mota empezó a trabajar en el puesto de chimi a los 22 años.Fuente externa

Tener cerca de cuatro décadas y media haciendo lo mismo: preparando chimi, no ha hecho que Juan Ramón Batista Mota le baje a la calidad de lo que ofrece. 

Es más, cada día trata de mantener la esencia del negocio que le ha dado un nombre que todos conocen en la Zona Oriental y en diversas partes del país.

Conforme al tiempo ‘Chimi Claudio’, como todos lo conocen, se ha esforzado por darle la cara a su marca. 

“Aunque mi familia se involucra, y uno de mis hijos, ahora mismo está al frente dos veces a la semana, yo trato de estar presente el resto de los días”. Él está más que claro que hacer un nombre no es forjarlo con el tiempo. Es mantenerlo a base de entrega, calidad y buen servicio.

Los martes y miércoles, su hijo es quien atiende el puesto. Jueves, viernes, sábados y domingos, don Claudio está al frente. Los lunes es día de descanso para todos. Como familia, cada quien, en la medida de sus posibilidades, colabora para que todo salga bien.

Es esa unión y la persistencia con la que trabajan las que han abierto los caminos para que el puesto que don Claudio compró siendo un carrito, haya ido creciendo en tamaño, alcance y legado.

 “Bueno, cuando comencé a trabajar con el primer dueño que tenía el negocio, era un puesto pequeño. A principio que lo compré, lo dejé igual porque tenía que pagarlo, recuerde que lo cogí ‘fiao’, pero después fui avanzando”. Luego de lo ocurrido a su familia, puso el negocio en manos equivocadas y tuvo que sacar de abajo para salir a flote.

No conoce la palabra rendirse

Juan Ramón Batista Mota
Juan Ramón Batista MotaLeonel Matos

Don Claudio, quien no sabe lo que es sucumbir ante la adversidad, sí deja saber que es un ser humano débil, y que ha tenido momentos en los que el buen ánimo le juega en contra, pero aún así, no le abre ni una brechita a la “cómoda” posición de bajar la guardia. Se repone y, gracias a su fe inquebrantable en Dios, sigue avanzando.

Conversar con él es un bálsamo que alivia el alma, que provoca alegría y da fuerzas para avanzar, inclusive, cuando sientes que vas contra la corriente.

 En su rostro, que a leguas define a un hombre de actitud humilde, se dibuja una sonrisa que abre la puerta a una persona que se toma la vida a chiste, pero con seriedad.

Entre salsas, mayonesa, mostaza, panes, carnes y demás ‘menjurias’ va tejiendo historias de perseverancia, de confianza en lo divino, de progreso, de herencia intangible, y, por supuesto, de un legado que no sólo toca a sus hijos y nietos, sino a una comunidad que lo ha visto caer y luego levantarse para, a través de un chimi, una hamburguesa, o una yaroa mostrar que siempre vale la pena perseverar.

Otra tragedia

Nada detiene la fortaleza de don Claudio. En el año 2015, las llamas de otro fuego volvieron a amenazar su vida. 

“El tanque de gas de la guagua que tenía se explotó, y estoy vivo para contarlo”. Le quedaron huellas físicas, pero no le dejó heridas internas. Sólo un gran agradecimiento al Señor por no haberle pasado nada a su hijo que lo acompañaba.