En el béisbol profesional contemporáneo se ha extendido una práctica que, bajo apariencia de oportunidad, encierra una tensión jurídica profunda: jugadores de ligas menores reciben dinero inmediato a cambio de ceder un porcentaje de sus futuras ganancias. No es únicamente un negocio. Es un contrato sobre el porvenir, muchas veces firmado en circunstancias que obligan a reconsiderar sus fundamentos jurídicos.
El punto central no radica en la cantidad entregada ni en el porcentaje pactado. Se encuentra en la causa. La teoría clásica del derecho civil enseña que la causa responde al motivo del contrato: la razón que impulsa a contratar, distinta del objeto y del consentimiento. Sin embargo, esa explicación resulta insuficiente ante la complejidad actual. El derecho ha evolucionado hacia una comprensión más realista: no basta identificar un motivo; es indispensable examinar si ese motivo surge de una voluntad libre.
Aquí aparece el aporte decisivo del derecho francés. La reforma de 2016 introdujo el artículo 1143 del Código Civil, que marcó un cambio significativo al reconocer la violencia económica o abuso de dependencia como vicio del consentimiento. Ya no se exige una amenaza física o moral. Basta con que una parte aproveche la vulnerabilidad de la otra para imponer un compromiso que, en condiciones normales, jamás habría aceptado.
El alcance de esta disposición es evidente: cuando un pelotero firma porque carece de alternativas reales —por necesidad económica, precariedad profesional o presión estructural—, su consentimiento puede estar afectado, aunque formalmente haya aceptado. La libertad contractual deja de ser una ficción abstracta y pasa a examinarse en su realidad concreta.
La doctrina ha identificado tres elementos esenciales: primero, la existencia de un estado de dependencia; segundo, el aprovechamiento de esa situación por la contraparte; y tercero, una ventaja manifiestamente desproporcionada que revela el desequilibrio. Si concurren estos elementos, el contrato no se cuestiona por lo que expresa, sino por la manera en que fue obtenido.
Detrás de muchas firmas voluntarias existe un joven que, ante la incertidumbre de alcanzar las Grandes Ligas, compromete años de esfuerzo para resolver necesidades de subsistencia familiar y desarrollo profesional.
En definitiva, no se trata de prohibir estos acuerdos, sino de someterlos a un escrutinio más riguroso. Porque cuando el futuro se negocia bajo presión, la causa se desnaturaliza y el derecho está llamado a intervenir para restaurar justicia y equilibrio.
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