Local News

EEUU intenta pasar página en Irán tras cuatro semanas de una guerra

27 March 2026
This content originally appeared on Listín Diario.
Promote your business with NAN

La guerra en Irán cumple este sábado un mes, un periodo en el que el conflicto, que Washington prometió que sería rápido, parece haberse complicado ante las dudas sobre el alcance real del arsenal estadounidense, la posibilidad de que el Pentágono deba desplegar tropas sobre el terreno y el impacto del cuello de botella en Ormuz, con el consiguiente encarecimiento global del petróleo.

El 28 de febrero, horas después de que representantes iraníes y estadounidenses se sentaran en Ginebra para celebrar una nueva ronda de diálogo sobre el programa nuclear de Teherán, EE.UU e Israel atacaron por sorpresa múltiples objetivos militares y gubernamentales en Irán con misiles Tomahawk, bombarderos B-2, B-1 y B-52 y centenares de cazas israelíes.

La Casa Blanca dijo entonces que el ataque es una respuesta preventiva ante la “amenaza inminente” que supone Irán, puesto que —dependiendo de quién sea el miembro del Gabinete Trump que hable— el país estaba o bien cerca de enriquecer uranio del 90 % o bien a unos días de desarrollar una bomba atómica.

En su primera comparecencia, Trump presentó la guerra como una operación limitada y rápida para destruir todas las capacidades militares y nucleares de Irán. Afirmó que el objetivo es proteger al pueblo estadounidense e instó a los iraníes a "tomar el control de su Gobierno".

Un día después, Irán confirmó que los ataques habían golpeado el complejo donde vivía el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenéi, y que éste y parte de su familia habían fallecido.

Durante los primeros días de guerra, con Irán respondiendo con andanadas de misiles y drones sobre distintos objetivos en países vecinos que cuentan con presencia militar estadounidense en sus territorios, el Pentágono y la Casa Blanca subrayaron que los ataques eran de alta precisión y descartaron una invasión terrestre prolongada.

Pero, poco a poco, Trump comenzó a matizar el cronograma, diciendo que la operación Furia Épica se diseñó para durar "cuatro o cinco semanas, o quizá algo más", pero que en los primeros días se había avanzado sustancialmente en los objetivos planteados.

Pasadas tres semanas, y ya con trece militares estadounidenses muertos durante la guerra, sus declaraciones comenzaron a alternar mensajes en los que indicaba que la operación estaba casi concluida con otros en los que admitía que podrían ser necesarias más acciones, sin descartar la opción terrestre.

Llegados a este punto, la operación, que desde el principio fue recibida sin gran entusiasmo por parte los aliados de la OTAN, acaba por agrandar la brecha entre los socios europeos y Washington.

Ormuz se le atraganta a Trump

El momento que mejor escenifica la fisura transatlática llegó cuando el resto de miembros de la Alianza —y otros socios asiáticos— rechazaron enviar buques militares para asegurar el estrecho de Ormuz y evitar los bloqueos parciales aplicados por la Guardia Revolucionaria.

Ormuz se consolidó así como el factor que más ha dañado la credibilidad de toda la ofensiva estadounidense, con el mundo temeroso de que el barril de petróleo pueda estar encaminándose a los 200 dólares (desde los 70 antes de la guerra) y provocar una crisis económica mundial.

Con los barriles de referencia en Europa y EE.UU. entre un 30 y un 50 % más caros debido al bloqueo del estrecho, los mercados intranquilos y los estadounidenses sintiendo ya el daño en el bolsillo, el Pentágono, ha movilizado miles de soldados y los ha envíado a Oriente Medio entre especulaciones sobre su posible cometido, y ha anunciado que pedirá 200.000 millones de dólares adicionales al Congreso para concluir la operación.

Trump se juega su legado

La combinación es una tormenta perfecta para alguien que, como Trump, se juega el verdadero peso de su presidencia en las elecciones de medio mandato en noviembre.

La debilidad estratégica que constituye el estrecho, junto con la persistente respuesta iraní y las dudas sobre con qué velocidad puede realmente EE.UU. reponer sus arsenales (EEUU ha disparado 850 Tomahawks en un mes de guerra, la producción de varios años) preocupan cada vez más dentro y fuera del país y hacen temer que la guerra se alargue más allá de las 4-6 semanas de las que habló Trump.

El republicano lanzó un órdago el fin de semana pasado y amenazó con destruir las centrales eléctricas iraníes si Teherán no garantizaba el tráfico en Ormuz en dos días. Lo extendió después a cinco días al asegurar que había conversaciones con Teherán y que éstas parecían mostrar avances, y ayer mismo decidió ampliar el plazo de su ultimátum hasta el 6 de abril.

El hecho de que la Casa Blanca haya reprogramado la visita de Trump a China a mediados de mayo, tras posponerla por la guerra, hace pensar que los cálculos de Washington dan por hecho que para entonces la escalada militar estará resuelta. Queda por ver si Trump tiene la última palabra.