Una gran cantidad de foráneos que van en busca de embarcarse en una yola en Miches o en Sabana de la Mar son estafados. “Les hacen creer que los llevarán a un manglar para salir hacia Puerto Rico, y allí los asaltan. Eso se lo hacen a los que vienen de otros lugares que no conocen a nadie por aquí”, dice Rafael Mota, dirigente comunitario.
Comentó que los comunitarios suelen ser la mano de ayuda de los que son estafados, quienes le cooperan con dinero para que regresen a sus pueblos o les ayudan a contactar a sus familiares.
Sin embargo, estas artimañas no siempre salen bien. Mota reveló que un capitán de viaje, bajo la promesa de llevarlos a Puerto Rico, cobró miles de pesos a tres hombres oriundos de Nagua. No obstante, el capitán de la embarcación mintió sobre la fecha de salida y dejó a los tres ciudadanos varados en una comunidad de Sabana de la Mar.
“El resultado de eso fue que mientras el capitán llevaba un viaje en yola hacia Puerto Rico, los nagüeros le secuestraron el hijo menor, de ocho años, para ellos devolver el niño pidieron que se les devolviera el dinero pagado, y así lo tuvieron que hacer los familiares”, expuso Mota, tras agregar que es habitual ver conflictos derivados de viajes en yola.

Paulino, quien se ha dedicado a ser ayudante en los viajes en yola que salen por las zonas de Miches y Sabana de la Mar, narra cómo organizan todo el viaje y dan con los clientes.
“Siempre hay gente que quiere irse, nosotros hemos llevado a Puerto Rico gente de Baní, de la capital, del Cibao. Eso uno lo hace a través de un contacto, que es quien se dedica a buscar a la gente”, comenta Olea.
Según detalla, cobran por adelantado a las personas para comprar los materiales de fabricación de la yola, el combustible y los motores, los cuales suelen ser de 40 o 60 caballos de fuerza. Comenta que por lo general empiezan construir la embarcación un mes antes, aunque la fabricación puede tardar solo 15 o 10 días.
Utilizan madera americana, la cual trasladan hacia montañas, riberas de ríos, manglares y otras zonas que puedan facilitarles estar ocultas. Quienes la construyen pueden ser dos o una persona. Con la madera empiezan a dar forma, posteriormente rellenan con fibra, la cual pegan con una mezcla de resina y secante.
“Hay embarcaciones de todos los tamaños, pero en la que más se utilizan son las de 24 a 35 pies de eslora, siete pies de ancho, que son embarcaciones para 20 o 25 personas, aunque a veces suelen montarse hasta 70”, afirma el marinero.
Agrega que a pesar de que una yola tenga capacidad para 40 personas, suelen venderle el espacio hasta a 80 personas, y el día del embarque a través de artimañas logran llevarse una cantidad específica de personas.

Cuando la embarcación está lista, en la madrugada suelen trasladarla hacia los manglares y enterrarla en arena hasta que llegue el día de partida.
Olea explica que nada es improvisado: el capitán del viaje suele designar a un subordinado para que vigile a los agentes de la Armada Dominicana en su rutina, hasta encontrar una hora en la que les convenga zarpar sin ser atrapados.
No obstante, esta no es la única forma en la que cientos de embarcaciones llegan sin obstáculos al territorio puertorriqueño. Olea revela que en ocasiones suelen pagar dinero a agentes para que los dejen zarpar sin inconvenientes.
“Se habla con ellos y se les da cierta cantidad de dinero para que se hagan los locos. Así uno sabe que saldrá de aquí seguro”, sostuvo al hablar de lo que se le conoce como “pago de peaje”.
La hora específica en que un viaje en yola sale la decide el capitán, y aunque Olea menciona que mayormente suelen partir en horas de la madrugada, o al atardecer, también han viajado en horas de la tarde a plena luz del sol.
El ciudadano paga miles de pesos dominicanos para ir a Puerto Rico, sin embargo, el día de la salida al haber sobrevendido los cupos, solo suben las personas que decide el capitán; los demás, son abandonados a su suerte, y muchas veces, son bajados de la embarcación a punta de pistola.
“A la hora de salir siempre hay un equipo de guaruras que se encargan de poner el orden, lo primero que ellos hacen es desarmar a todo el que anda armado, y muchas veces se pone la embarcación a una distancia en el mar donde nadie pueda llegar nadando para evitar que se aglomeren. De ahí, en un cayuco (yola de remo) se van trasladando a los que van a llevar”, dice Olea al detallar el proceso de embarcarse en un viaje ilegal.
Añade que antes de salir, ya ellos han saneado su lista, saben el que se va a quedar y el que se va.
“Hay muchas estrategias, a veces se dividen en grupos y lo esconden en la montaña y se le dice que el viaje no se va. Y a los que se van ya lo tienen en otro lado. Los que están escondidos en la montaña, se dan cuenta que el viaje se fue al otro día”, apunta.
Cuando pasa esto, las personas que son dejadas a su suerte pierden todo el dinero pagado, y al tratarse de un negocio fuera de la legalidad, no suelen denunciar la situación.
Regularmente pintan las yolas de azul y llevan consigo una lona del mismo color, ya que consideran que esto los hace perderse entre el mar ante la vista de las autoridades. Las zonas más comunes para viajar son San Rafael de Yuma, Higüey, Juanillo, Sabana de la Mar y Samaná.
Las personas a bordo no pueden llevar más que provisiones de comida, a lo que le llaman “macuto”; un celular y documentos personales. Muchos parten del país con una funda de pan, media barra de salami, botellas de agua y un acta de nacimiento.
En una yola, el trayecto para llegar a Puerto Rico suele ser de uno a dos días. Esta referencia es utilizada por familiares para tener un estimado del tiempo en que deberían tener noticias de sus seres queridos.

A pesar de las medidas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la constante persecución contra los migrantes irregulares en territorio estadounidense, los dominicanos continúan poniendo en peligro sus vidas en busca del sueño americano.
Durante los primeros seis meses de 2025 las autoridades retuvieron 118 embarcaciones y 707 personas, quienes intentaban llegar a Puerto Rico contraviniendo la ley.
No todos los detenidos son de nacionalidad dominicana. Estas cifras la conforman 462 dominicanos, 220 haitianos, cuatro franceses, un ruso, un polaco, dos españoles, cuatro peruanos, dos daneses, dos estadounidenses, un argentino, un neerlandés, un italiano y cuatro de Naciones Unidas.
De acuerdo a la Armada Dominicana, de estos fueron sometidos 18 por violación a la ley 137-03 que condena el tráfico ilícito de migrantes y la trata de personas. Diez hombres fueron sometidos como capitanes, dos como organizadores y seis como colaboradores.
A estas cifras se suman las de la Guardia Costera de Estados Unidos, que desde el primero de octubre de 2022 hasta la fecha han interceptado más de 3,000 dominicanos en aguas puertorriqueñas, de acuerdo a datos publicados en su portal web.
Consecuencias de la emigración en RD
Según el Centro para la Observación Migratoria y el Desarrollo Social en el Caribe, por muchos años en el país, la migración era considerada como dañino para para la sociedad por la fuga de cerebros, fuga de empleomanía, entre otros factores.
No obstante, destaca que se ha empezado a valorar el aporte de económico que esto genera, como son las remesas.
Obmica señala que tanto en República Dominicana como en el resto del Caribe, las remesas económicas se han convertido en la protección social para muchos hogares pobres que no tienen acceso a seguridad social dada las condiciones informales de muchos de sus trabajos.
En 2020, las remesas desde Puerto Rico hacia la República Dominicana representaron aproximadamente el 1.1% del flujo total de remesas recibidas (US$5,072.5 millones), según datos del Banco Central de la República Dominicana.
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